Las Crónicas del Vacío

LA FRAGUA DEL
VACÍO

Elige un códice para desvelar el destino del mundo. Observa las cenizas caer mientras los dioses muertos aguardan en el silencio de los Arcos.

EL VACÍO
DE LA GUERRA

Próximamente

Libro I

El Canto del Sexto Ciclo

El mundo está dividido en cuatro Sellos, jaulas doradas sostenidas por las Gracias de los dioses muertos: la Luz, el Fuego, la Sombra y el Vacío. Laiachi, un limpiador despojado de sus sentimientos, emprende un viaje hacia el centro del mundo: el Cráter. Allí deberá decidir si rompe la cadena ancestral desatando el caos, o permite que el ciclo vuelva a empezar.

Lector de Muestra

Índice

Parte I: El Despertar del Vacío

  • ... Resto de capítulos próximamente ...

Capítulo 1

El Limpiador que No Sentía

"La verdad es orden. La duda es sombra."— Dogma de Solón

El mar de los Susurros no tenía olas.

Laiachi lo sabía desde que tenía uso de memoria —desde que el Vacío se había llevado su memoria, en realidad, dejando solo fragmentos de lo que había sido antes de ser limpiador—. Pero aquella mañana, mientras caminaba por el borde del muelle de obsidiana que se adentraba en el agua gris, notó algo extraño. Una vibración en el fondo del mar. Un temblor apenas perceptible, como si algo estuviera respirando bajo la superficie.

Se detuvo. Sus pies descalzos, acostumbrados al frío de la obsidiana, se hundieron ligeramente en la arena negra que cubría el camino. La brisa salada le acarició el rostro, pero él no la sintió. No podía. El Vacío se lo había llevado todo.

Pero aquella vibración... aquella vibración la sentía.

El Sello de Vacío se alzaba a sus espaldas, una maravilla de columnas de coral blanco que se elevaban desde las profundidades del mar como los dedos de un gigante ahogado. Las cúpulas de vidrio ahumado, que durante la noche emitían un resplandor tenue, ahora reflejaban la luz verdosa del amanecer, tiñendo la ciudad de un color que recordaba a la bilis. O a la envidia. O a todo lo que se pudría antes de tiempo.

Desde la distancia, el Sello parecía un sueño hecho piedra. Desde cerca, olía a podredumbre.

Como todas las utopías, pensó Laiachi, aunque no sabía de dónde había sacado esa idea. El Vacío se había llevado la mayoría de sus pensamientos originales. Los que quedaban eran ecos. Fragmentos. Restos de algo que había sido y ya no era.

A sus espaldas, el mercado de los limpiadores bullía con la actividad de los primeros compradores. Mujeres y hombres de túnicas grises —los que aún podían pagar el precio del alivio— regateaban con los limpiadores de nivel bajo, esos espectros con los ojos vacíos y las manos temblorosas que vendían su humanidad a cambio de un plato de sopa de algas y un techo de coral sobre sus cabezas.

Laiachi observaba la escena con la misma indiferencia con que observaba el mar o el cielo. No sentía compasión. No sentía repulsión. No sentía nada. El Vacío se lo había llevado todo.

Pero aquella vibración... aquella vibración era diferente.

—Laiachi.

La voz llegó desde su izquierda, joven y temblorosa, como la de un pájaro que aún no ha aprendido a volar. Se volvió.

Era Sulen, el aprendiz que Maretis le había asignado hacía tres lunas. Un muchacho de ojos demasiado curiosos y manos demasiado inquietas, que siempre llevaba un fragmento de metal oxidado en el bolsillo, como si esperara encontrar algo importante. Tenía diecisiete años, pero parecía más joven. O más viejo. Laiachi nunca había aprendido a distinguir la edad en los rostros humanos.

—¿Qué quieres? —preguntó, con voz plana.

Sulen se acercó a él, con las manos escondidas bajo las mangas de su túnica gris. Tenía el cabello revuelto, como si hubiera dormido mal, y las ojeras bajo sus ojos delataban que llevaba días sin descansar.

—Maretis dice que tienes que ir al nivel inferior —dijo Sulen, jadeando por la carrera—. Hay un hombre. Un moribundo. Dice que no quiere que lo limpies.

Laiachi sintió algo. No era dolor. No era miedo. Era otra cosa. Una vibración en el centro del pecho, donde el Vacío latía con su ritmo de ausencia. Algo que llevaba siglos dormido y que ahora, por primera vez, se movía.

—¿Que no quiere que lo limpie?

—Dice que no quiere morir en paz. Dice que quiere morir con dolor. Que el dolor es lo único que le queda.

Laiachi guardó silencio. La vibración del mar, la del moribundo, la de su propio pecho. Todo vibraba. Todo se movía. Todo esperaba.

—Vamos —dijo, y su voz sonó extraña, como si no fuera suya.

Fin de la muestra de lectura.

Los Cuatro Portadores

Ficha de Laiachi
Ficha de Molina
Ficha de Bor
Ficha de Janas

Libro II

El Vacío de la Guerra

El pacto se ha roto. El rey Enes transforma la Luz en una marea de Cieno que devora Togari, mientras Narf de Goldor desata sus Carros de la Escoria hacia el sur. Atrapados en el subsuelo, Yxam el Lobo organiza la resistencia en los Arcos Quebrados. Y muy lejos, el joven Barek siente despertar en su pecho la fuerza que lo niega todo: el Vacío.

Próximamente

El contenido, mapas e información sobre El Vacío de la Guerra aún permanecen bajo llave. Se revelarán muy pronto.

"Gracias por leer mi obra, nada más que decir, disfrutad."

— Hisham M.M

Rompe la Cadena

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